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sábado, 8 de junio de 2013

Alghero: la Italia catalana

A menudo pensamos en Italia como el país de las pizzas y la pasta, de la mamma y la nonna, de la mafia, de los ancestros de Luigi y Mario... aunque parezca mentira (y esté diciendo una obviedad), Italia es mucho más que eso. A menudo identificamos nuestro país (España) como un país plurilingüe y acertaríamos... sin embargo os reto a encontrar a 5 españoles en los siguientes 10 minutos que sepan qué otros idiomas se hablan en Italia.

¡¿Cómo?!

Sí, lector mío. En Italia se hablan más cosas aparte del italiano. En zonas del noreste se habla esloveno, en el Tirol se habla alemán... el griego (mantenido desde los tiempos de la Magna Grecia, sobre todo a través de la comunidad grika) se habla todavía en algunas ciudades del sur, provenzal en el noroeste. Podríamos hacer incluso alguna distinción más... pero nos tendríamos que meter en un debate hasta qué punto una lengua es un dialecto (y en Italia los dialectos no son pocos) y hasta qué punto es un idioma consolidado.

También tendríamos el albanés (y sus comunidades arbëreshës consolidadas desde hace más de 500 años), el ligur y el ladino. Pero eso no es todo.


Idiomas y dialectos de Italia según la "muy fiable" Wikipedia. En este caso doy fe del rigor.

Sabiendo ésto, estamos preparados.



Cerdeña

Cerdeña es la segunda mayor isla del Mediterráneo y es un microcosmos de conquistas y de rastros lingüísticos que sus invasores han ido dejando detrás. Obviamente el italiano está presente en toda la isla, pero también tiene mucha importancia el idioma local: el sardo. Al norte, y recordando las invasiones de la vecina isla de Córcega, se habla corso y sus múltiples variantes. En las islitas del suroeste se habla ligur. Todas estas lenguas tienen sus variantes, y casi todas tienen influencias del castellano y del catalán -que fue la lengua oficial durante varios siglos por su pertenencia a la Corona de Aragón.




Y en Alghero y zonas circundantes también se preserva el catalán como habréis podido observar en el título y en los mapas que os he dado. Claro que algunos lo diferencian como el dialecto alguerés. No olvidemos que estamos en Italia y aquí el tema de los dialectos es algo así como el pan nuestro de cada día.

Banderas
Alguer es su exónimo oficial en español, pero también lo encontraréis como Alguero. Alghero en italiano, L'Alguer en catalán, S'Alighèra en sardo, La Liéra en corso sasarés... pero usaré la denominación italiana, que es la que normalmente se usa -muy a pesar de la RAE.

Esta ciudad fue fundada por los genoveses en el siglo XII, y conquistada por la Corona de Aragón allá por el siglo XIV. Deste entonces, Alghero es una ciudad eminentemente plurilingüe: italiano, catalán (dentro de sus murallas), sardo... Todos los letreros aparecen en italiano, inglés y catalán. Y estas influencias no son solamente lingüísticas -obviamente-, sino que también se perciben en la cultura, en la gastronomía (muchos restaurantes ofertaban paella y crema catalana) y en la arquitectura.

Lo primero que me llamó la atención -y haciendo un pequeño guiño al blog de este colombiano de mundo- fueron las banderas de la isla y la ciudad. 


Atardecer sobre una de las playas de la ciudad

Sobre estas líneas tenemos la bandera sarda. Es, cuando menos, llamativa. En rojo sobre blanco tenemos la cruz de San Jorge y en cada esquina están los cuatro moros -que a primera vista tienen rasgos más meridionales. Tiene dos explicaciones: 

- Que el rey Pedro I de Aragón diseñó esta bandera para celebrar su victoria en la Batalla de Alcoraz contra los sarracenos (en la que milagrósamente apareció San Jorge). 

- Que tiene orígenes en un pendón entregado a las tropas sardoitalianas por el papa Benedicto VII para luchar contra los sarracenos que amenazaban con invadirles... pero este pendón tenía los colores al revés... y tampoco tenía las cuatro cabezas.


La bandera oficial de Alghero es la Senyera tal cual. Sin embargo, aquí encima he puesto una versión más popular y más extendida. Sobre el fondo de la Senyera tiene inscrito arriba el nombre catalán de la ciudad (L'Alguer), el escudo en medio y debajo "País català de Sardenya".

Alghero

Precioso emplazamiento. Eso es lo primero que hay que añadir de Alghero. En un pequeño alto, protegiendo una bahía de aguas transparentes y arenas blancas y orientada hacia el oeste. Las puestas de sol son simplemente fantásticas.

Una de las playas de la bahía de Alghero


Atardecer sobre la ciudad. En primer término el Bastión de Sulis y en la esquina izquierda el Bastión de Marco Polo



Alghero es la cuarta ciudad de la isla en población por detrás de la capital (Cagliari),  la vecina Sassari y Olbia; con lo cuál el tamaño está a nuestro favor, con sus 45.000 habitantes y su toque provincial, Alghero nos ofrece un casco antiguo manejable pero lleno de encanto.

Es indispensable pasear por sus murallas y bastiones. Toda la ciudad está rodeada por ellas e intercalan elementos más medievales con otros elementos defensivos más modernos. Además, de las maravillosas vistas del perímetro de la ciudad, también tenéis algunas reproducciones de armas de asedio a escala natural, como un fundíbulo o una catapulta. Toda una gozada para los frikis como yo. 



Torre dell'Esperò Rejal o de Sulis

Bastión visto desde otro ángulo

Cenar pescado fresco con vistas al puerto, tampoco tiene precio. Actualmente es eminentemente deportivo, pero todavía mantiene algo de actividad pesquera. Desde allí también se pueden contratar barcos para dar paseos por la bahía o visitar la Gruta de Neptuno.


 

Las calles estrechas del casco antiguo esconden numerosas sorpresas. Pequeñas placitas, que, aún a pesar del turismo, no han perdido completamente su identidad. Casas llenas de geranios con un sabor iberoitálico de lo más interesante, palacetes... y, obviamente,la dama de la ciudad: la catedral de Alghero, construida en estilo gótico-catalán y cuya torre poligonal podría estar en cualquier rincón de la Corona de Aragón.






Las fotos en cuestión son de la torre y de la fachada de la cabecera... y no de la fachada principal... una especie de pegote neoclásico añadido en el siglo XX, y que, en todo caso, estaba cubierto de andamios en el momento de mi visita.

Palau de Machin, del siglo XV

El Palau de Machin, construido por los colonos Tarragona. De pequeña pero inolvidable fachada es tan solo uno de los secretos que guarda Alghero en sus calles y que no venía en las guías de viaje -al menos en la mía.

Hasta ahora no sé si os habéis dado cuenta en las fotos, pero la luz y el colorido de Alghero  es muy especial: con tan solo un paseo os daréis cuenta de esto y os enamorará. Por ello y muchas otras razones es el lugar perfecto para el turismo de sol y playa intercalado con el cultural e histórico. Vamos, que es un plan seguro. Otro día os hablaré de una pequeña excursión que podéis hacer desde allí: el colorido pueblo de Bosa. También prometo que será una entrada más turística y menos lingüística.

viernes, 10 de mayo de 2013

Eslavonia: paseando entre el Sava y el Danubio

Tenía otro artículo en mente para publicar hoy, pero como esta semana vi en la tele Las Flores de Harrison, sentí que debía escribir sobre Eslavonia. Los que hayáis leído Ja sam lektor previamente, este artículo es una especie de corta, pega y colorea de este otro.

Eslavonia

De la misma manera que Eslovaquia no es Eslovenia, Eslovenia no es lo mismo que Eslavonia. Eslavonia es una región (o más bien deberíamos decir rincón) en el límite oriental de Croacia. Cuenta con una superficie similar a la provincia de Guadalajara y unos 800.000 habitantes. Limita al norte con Hungría, al este con Serbia y al sur con el ente difícilmente descriptible de la República Sprska de BiH. 

Eslavonia es parte de la Llanura Panónica y es llana-llana-llana. Quienes la conocen bien dicen que la montaña más alta de la región es una berza. Y éste símil no es casual, pues Eslavonia es una región eminentemente agrícola que produce las hortalizas que invaden los mercados zagrebíes a diario. Pero si hay algo por lo que es famosa la región son los productos porcinos: kulen (una especie de chorizo), jamón curado... y también platos húngaros como el gulash.

Todo esto es rematado con un paisaje tranquilo, verde y llano, regado con las sosegadas aguas del Danubio y Sava que solo son interrumpidas de vez en cuando por las barcazas que surcan sus aguas rebosantes de tranquilidad... aún a pesar de la turbia historia que las ha rodeado recientemente.

Río Sava a su paso por Slavonski Brod

Slavonski Brod

En la orilla norte del río Sava se encuentra Slavonski Brod, que significa el vado de Eslavonia. Al otro lado del río se encuentra su equivalente bosnio: Bosanski Brod. En sus tiempos de esplendor (hacia el barroco), esta ciudad era el puerto más importante del Sava y todavía sigue siendo un lugar eminentemente industrial. Debido a su situación fronteriza entre los antiguos imperios Austro-Húngaro y Otomano, los austrohúngaros protegieron la ciudad con una fortaleza. 


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La fortaleza barroca sigue el diseño de forma de estrella tan característico entre las fortalezas del siglo XVIII, que ayudaba a protegerse más eficazmente contra las nuevas armas de artillería. 

La ciudadela fue una (sino la más) de las más grandes construcciones del Imperio Austro-Húngaro para defender sus fronteras. La complejidad y coste de su obra es comparable al relativamente desconocido Real Fuerte de la Concepción, en la provincia de Salamanca, si bien, su estado de conservación no es tan bueno. La humedad y el fértil suelo de Slavonski han provocado que la vegetación haya ido desdibujando sus baluartes, en ocasiones pudiéndose confundir con inesperadas colinas en mitad de Eslavonia. En las fotos adjuntas a este artículo podéis ver el actual estado de abandono.








La ciudad, si bien pequeña, es un lugar agradable para disfrutar de una tarde paseando por sus calles y viendo algunos ejemplos de arquitectura barroca como su monasterio franciscano. Una buena idea es sentarse en la plaza principal (nombrada como la escritora Ivana Brlić-Mažuranić) y disfrutar de un buen café con vistas al Sava antes de continuar nuestro camino hacia el este. Una buena broma puede ser, si vais a Mala Kavana (una pequeña cafetería de la plaza), pedir un café con hielo (seguramente tendréis que explicar el proceso: una taza con café, otra con hielo) y la graciosa camarera os observará y se reirá por la ocurrencia de tomar café frío. 



Trg Ivane Brlić-Mažuranić
A los niños muertos en la Guerra de Croacia
Señales de tiros en una cafetería



















Osijek


A orillas del Danubio, y en la frontera con Serbia se encuentra la ciudad más importante de Eslavonia: Osijek. La ciudad fue fundada en tiempos del emperador hispano Adriano como Mursa Maior allá por el siglo II, pero posteriormente fue re-nombrada durante las subsiguientes invasiones: Ösek por los turcos, Eszék por los húngaros y Esseg por los austriacos. 

Una de las curiosidades de Osijek es la completa separación del barrio viejo con el resto de la ciudad. No puedo presumir de conocer la ciudad demasiado bien, pero me dio la impresión de no tener un centro claramente marcado... De haberlo quizás se situaría en torno a la plaza de Ante Starčević, donde se está la concatedral... (disculpad, pero las fotos que tengo no son muy buenas así que prefiero no subir ninguna).


Actual universidad, en la plaza de la Trinidad
La ciudad antigua es una plaza militar con baluartes estrellados junto al Danubio. Se desarrolla alrededor de la plaza de la Santísima Trinidad (Trg Svetog Trojstva), tiene plano ortogonal y está completamente rodeado de parques que lo separan del resto de la ciudad. Es el mayor conjunto de edificios barrocos de Croacia, si bien son menos recargados de lo que los españoles estamos acostumbrados.




Osijek, en todo caso, nos asegura un paseo tranquilo por sus calles -durante nuestra visita, completamente desiertas- y muy recomendable es la caminata a lo largo del Danubio.


Agujeros de bala
Un agujero de bala y mi mano






En el vídeo, una de las imágenes más conocidas del comienzo de la guerra: tanques yugoslavos destrozan un Zastava 750 (popularmente llamados fićo) que trataba de bloquear su paso ante los abucheos y protestas de la gente.


Carretera Vukovar-Osijek

La carretera entre Osijek y Vukovar estaba repleta de tanques y otros vehículos abandonados y destrozados por el conflicto. Allí todavía se puede observar este tanque que dejaron como recordatorio.


Vukovar
Pescador del Danubio. Al otro lado: Serbia.

Y llegamos al final de nuestro camino. La ciudad felizmente desconocida hasta principios de los 90 se encuentra a 35 kilómetros al sur de Osijek. A orillas del Danubio y en la frontera con Serbia, es el principal puerto fluvial de Croacia. Además de su industria, también era reconocida su patrimonio barroco y galerías de arte.


Una de las pequeñas barcazas que surcan el Danubio

Su nombre tiene origen húngaro -como tantos otros en la región- y significa la ciudad/fortaleza del río Vuka, ya que está en su desembocadura. Antes de la guerra tenía una de las poblaciones más mezcladas de la antigua Yugoslavia: 47% de croatas, 33% de serbios, además de importantes minorías históricas de alemanes, húngaros y ucranianos. La industria de la región atraía a gente de todas partes y su cota más alta se alcanzó en 1990 con 44.000 habitantes. En el último censo (2011) figuraban apenas 27.000. 

Las tensiones de la guerra acabaron estallando en la guerra y el ejército yugoslavo invadió esta parte de Croacia para formar una Gran Serbia. El conflicto fue especialmente duro aquí. Tres meses de asedio, miles de muertos y la única ciudad europea en ser completamente arrasada desde Estalingrado en la Segunda Guerra Mundial. Así quedó la ciudad después del asedio:


Veinte años después, todavía quedan muchos edificios por reconstruir o restaurar y las cicatrices de la guerra aún se ven en los edificios -por no hablar de la gente del lugar.


Palacio barroco en la plaza principal




Depósito de las aguas.
Hoy se ha convertido en el símbolo de la ciudad.
¡En la reconstrucción de Vukovar, juntos...!

Durante mi visita, se cumplían 19 años del final del asedio. Pero la Ciudad Heróica (como se la llama popularmente), no estaba de celebración. Al terminar los ataques, un grupo de paramilitares se metió en el hospital donde se curaban los heridos del combate. Podéis prever el resto.
Sótano del hospital

Víctimas de la masacre del hospital



El alto el fuego llegó en 1992, pero la ciudad no sería devuelta a Croacia hasta 1998. Desde entonces, y cada año Ulica Grada Vukovara (la calle de la ciudad de Vukovar) en Zagreb se llena de velas a lo largo de sus casi 5 kilómetros. Las fotos de abajo las saqué en noviembre de 2011, cuando se cumplían 20 años de la masacre. 


"Quiero a Vukovar. Los niños del jardín de infancia: Futuro" 
Vukovarska Ulica, Zagreb

Gente rezando en la calle Vukovar junto al teatro Lisinski

Lo cierto es que visitar Vukovar es una experiencia indescriptible y sobrecogedora. El turista de Croacia suele quedarse en las tranquilas y bellas playas dálmatas e istrianas. Croacia es algo más que las olas del Adriático y un plato de pescado fresco.

Esto también es Croacia y esta es su historia. 

lunes, 29 de abril de 2013

The Ghan: o cómo pasé 25 horas en un tren (Parte II).

(Para leer la parte uno, haz click aquí)

¡Que empiece el viaje...!
Y allí estaba yo en la Estación Parklands de Adelaida, con mi sombrero de cuero y mi  mochila llena de agua, snacks, ropa... y todas las cosas básicas que puedes necesitar en una semana en mitad del desierto australiano. Salimos de Adelaida a medio día, pero no llegaríamos a Alice Springs hasta 25 horas más tarde. El tren hacía 5 o 6 paradas a lo largo de sus 1500 kms, así que si calculáis la velocidad media... la verdad es que no iba tan rápido.

Saqué un sándwich de los que había preparado y lo disfruté de lo lindo con el paisaje de la ventanilla y la compañía de mi mono Marcelino y de la anciana vietnamita que tenía a mi lado ofreciéndome cacahuetes. ¡Qué maja! 

Más cacahuetes

El viaje fue lento pero fantástico... hablando con la atractiva mochilera estadounidense que tenía a mi espalda y el gracioso vejete a su lado. La señora vietnamita me ofreció más cacahuetes. Leí un libro y una revista que traía conmigo, exploré el tren... pero sobre todo disfruté del paisaje desde mi ventanilla. Fue cambiando del paisaje mediterráneo de Adelaida a los famosos viñedos de Australia Meridional, luego hacia un paisaje estepario para finalmente terminar en el desierto. Piedras, arena y plantas muertas hasta donde alcanzaba la vista. Impresionante.



Una de las últimas granjas antes de llegar al vacío Outback




La nada absoluta en cientos de kilómetros
Habían pasado ya diez horas y estaba anocheciendo. Para entonces yo ya había averiguado del inglés roto de mi compañera de viaje que su familia había huido de Vietnam al terminar la guerra y vivían en Australia desde entonces. No me supo decir nada más en inglés. Creo que notó mi frustración al tratar de comunicarme con ella sin suerte, así que para compensarlo me ofreció más cacahuetes. Supongo que era su manera de pedir perdón. La verdad es que empezaba a sentir los primeros síntomas de fatiga del viaje, me dolían las piernas y la espalda... el cuello también de girarme para hablar con los de atrás y estaba muerto de sed por tantos cacahuetes. Así que me puse a explorar el tren y llegué a una especie de vagón cafetería / sala de estar. Allí me tomé una coca-cola y me puse a leer un rato... pero se me sentó un hombre al lado y no paraba de leer mi libro por encima del hombro. La verdad es que era bastante raro, así que me levanté y volví a mi vagón, de donde no volví a salir.


Más nada cerca de Coober Pedy


Amanece, que no es poco
La noche fue larga, pero al menos mi ya maltrecho cuerpo pudo descansar unas cuantas horas. Me despertaron los primeros rayos de sol del lento amanecer del Outback.




Marcelino estirándose por la mañana

Ya en la mañana, la progresión del paisaje era nula. La nada: arena roja sólo interrumpida por algún que otro matojo se extendían hasta donde alcanzaba la vista. No había ningún asentamiento humano en cientos de kilómetros. Así llegamos a la frontera del estado de Australia Meridional con el Territorio del Norte, ya en las proximidades del Trópico de Capricornio. El paisaje ya no cambió, pero el aire por alguna razón parecía más denso de lo normal. 

Frontera entre Australia Meridional y el Territorio Septentrional Australiano

Bienvenido a Alice Springs
Quedaba ya poco tiempo de viaje, pero cuanto más nos aproximábamos a Alice Springs, el aire era más denso y nuestro campo de visión cada vez era más limitado. El fuerte viento había creado una tormenta de arena... Malas noticias: no podríamos respirar aire limpio. Hasta aquí todo normal, entra dentro de las ideas preconcebidas del desierto: un lugar seco, arenoso y bueno... ventoso de cuando en cuando.  


Dos vaquitas refugiándose de la arena tras un frondoso arbusto
Al cabo de un rato la visibilidad era prácticamente nula 

La cordillera McDowell, al otro lado nos esperaba Alice Springs

Lo que no nos esperábamos era la lluvia. No son muchos los días con lluvia en el centro de Australia, pero esta vez nos tocó. Empezó con unas cuantas gotas y continuó con un copioso jarreo. Al llegar a Alice Springs el panorama era espectacular. La Stuart Highway (único acceso por carretera hasta Alice Springs) estaba cortada por las inundaciones. El vendaval hizo lo propio con el tendido eléctrico y a pesar de la lluvia, todavía había gran cantidad de polvo en suspensión de la tormenta de arena previa. 

Vista de Alice Springs desde ANZAC Hill

El tiempo y la lluvia siguieron limpiando el aire
La antigua cárcel de Stuart Town, Alice Springs.

Así empezó mi semana en el desierto: en una ciudad embarrada, con el aire lleno de arena, aislada por carretera, sin electricidad y con todos los negocios cerrados por el apagón.Como dijo el señor Edward Murphy: "Si algo puede salir mal, saldrá mal".  Afortunadamente la mala suerte se revirtió y a pesar del desafortunado comienzo, se convirtió en una de las mejores semanas de mi vida. 

El viaje del Ghan es lento y tortuoso. No es barato y todo aquél que tenga dos dedos de frente te recomendará volar hasta Alice Springs. Sin embargo... si tenéis tiempo y cuerpo para ello, os recomiendo la experiencia. Me lo agradeceréis a la vuelta, si antes no os acordáis de toda mi familia. 

En la próxima entrada hablaré del día que estuve en 5 países diferentes.